Hace ya un año que escuché una conversación sobre Mediación mientras tomaba mi primer café del día tras dejar a mis hijos en el colegio. Ese momento ha marcado el rumbo de mi nueva vida. Hoy estoy disfrutando de una espléndida mañana de otoño, tranquila y sin miedo al futuro.
Os cuento. Hablé con mi pareja y le comenté la posibilidad de acudir a Mediación. Aunque en un principio no estaba muy de acuerdo, el hecho de que fuéramos nosotros los que decidiésemos cómo iba a ser nuestra vida futura tras la ruptura acabó por convencerle.
En los encuentros de Mediación, los mediadores nos explicaron que, a diferencia de la Justicia Ordinaria y del Arbitraje en los que la decisión sobre nuestra disputa la tomaría un tercero (Juez o Árbitro), en Mediación nosotros íbamos a ser los generadores de los acuerdos y los que tomaríamos nuestras propias decisiones, con el único límite de lo que estuviera prohibido por la Ley. Nos contaron que su misión era facilitar la comunicación entre nosotros para que, en base a una nueva forma de abordar nuestra historia conjunta, alcanzásemos desde la colaboración los mejores acuerdos posibles. Y nos dijeron que su tarea era principalmente observar, escuchar, formular preguntas y comprender, aplicando diversas técnicas específicas en función de la fase del proceso de mediación en la que nos encontráramos en cada momento.
Los mediadores nos ayudaron a escucharnos el uno al otro. Nos ayudaron a ponernos en el lugar del otro. Nos ayudaron a mejorar la forma de hablar entre nosotros. Nos ayudaron a mejorar nuestro lenguaje corporal en relación al otro, a mostrar respeto. Nos ayudaron a no levantarnos la voz, a rebajar la agresividad. Nos ayudaron a negociar no desde lo que nos gustaría tener, sino desde lo que de verdad queremos y necesitamos. Nos ayudaron a conocer nuestro respectivo poder y a utilizarlo para el bien común, estáis condenados a entenderos -nos decían-. Nos ayudaron a reconocer nuestras emociones y a utilizar ese conocimiento para el beneficio de ambos. Nos ayudaron a generar posibilidades de acuerdo que antes de empezar ni se nos habrían podido ocurrir, gracias a que la tensión entre nosotros había disminuido casi por completo. Y nos ayudaron a tomar decisiones realistas, a llegar acuerdos que se pudieran cumplir en el futuro. Nos ayudaron a tantas y tantas cosas que sólo podemos estarles agradecidos.
